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Historia de un Líder

La Historia de un Líder

Soy Maurice Armitage, aunque mi nombre suene al de un extranjero, nací y he vivido toda mi vida en Cali. Me crié en el barrio San Fernando, soy más caleño que el pandebono y el chontaduro. Estudié en un colegio público y me levanté en una familia de clase media; éramos 5 hermanos, nunca nos faltó nada, pero vivíamos al día al igual que muchos caleños. Fue allí, en el seno de mi hogar, que aprendí a compartir.

De mi padre y mi madre adquirí el amor por el trabajo y la disciplina. A ella la recuerdo montando en bus toda su vida, trabajó hasta los 83 años, era incansable.

Después de emprender y fracasar con muchos proyectos, tuve la oportunidad de trabajar como empleado en la Siderúrgica del Pacífico (SIDELPA), allí aprendí el negocio siderúrgico y tuve la oportunidad de conocer a un primo hermano de Augusto López, con quien me asocié para comprar una fundición que estaba en quiebra; con los años se convertiría en lo que hoy es la Siderúrgica de Occidente (SIDOC).

En Sidoc vivimos días muy difíciles, de mucho endeudamiento, pero gracias a un terreno que heredó mi esposa, mi cómplice de vida, pasé de ser el socio minoritario de Sidoc con el 10% a tener el 50% de las acciones. Más tarde, ante la llegada de competidores del extranjero, mi socio perdió la fe en el negocio y se retiró. Yo persistí, comprometido con el equipo humano de la fábrica, gracias a ellos, a nuestra gente, hoy somos una de las compañías más exitosas de Colombia.

Una empresa no es de sus dueños sino de quienes trabajan en ella y contribuyen a la generación de riqueza, creo que es de la mano de su gente, que un líder puede sacar adelante la más difícil de las causas, siempre que el equipo esté motivado, empoderado y bien retribuido. Por este motivo, cada 90 días en Sidoc, distribuimos las utilidades con nuestros colaboradores, en igualdad de proporciones, sin importar el cargo. Creo que la plata la debemos hacer con el capitalismo, pero la debemos gastar con el socialismo. Cuando un equipo quiere a su jefe y lo admira, con seguridad lo acompaña y rodea en todo lo que emprende, es cuestión de entendimiento.

Siempre he dicho que no hay cosa a la que le tenga más miedo que a la falta de oficio. La gente necesita oportunidades para generar ingresos, allí mi pasión por crear empresas toda la vida. Por eso nos atrevimos a invertir en una cementera y crear un Ingenio Azucarero. La gente necesita empleo y oportunidades para surgir.

A mis 70 años he decidido ser Alcalde de Cali porque creo que esa es mi obligación moral: Devolverle a nuestra ciudad todo lo bueno que nos ha dado, traducido en vocación de servicio, capacidad de trabajo, de innovación y de ejecución. ¡Vamos todos a crear la Cali que queremos!

Hoja de Vida

Hoja de Vida de Maurice Armitage

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